- ¿Como puede haber llegado a esta situación?
- No lo sé, caballero. Le juro por Dios que no lo sé.
- Lo tiene todo. Su vida es la vida que cualquier ciudadano decente puede desear: tiene un cargo importante en una empresa multinacional, está casado con una mujer que lo ama y tiene unos hijos maravillosos; su carrera está en su apogeo, y la semana pasada, según me han contado, llegó incluso a comprarse un yate. ¿Que fue lo que le hizo llegar a esto?
El hombre miró hacia abajo, al enorme vacío que se abría a los pies del rascacielos al que estaba subido, y la visión del suelo doscientos metros bajo él lo sobrecogió.
- Ni idea. No se que daría por saberlo, se lo aseguro; pero el caso es que no lo sé
- ¿Acaso fue por algo que le ocurrió? ¿Algún negocio le salió mal, discutió con su familia, o tal vez con algún amigo?
- No, le puedo asegurar que no fue nada de eso.
- Pues no veo motivo por el cual una persona en su estado podría siquiera plantearse la idea del suicidio.
- La vida da tantos giros...
Su compañero quedó pensativo un momento, dando vueltas a una idea que empezaba a formarse
- Tal vez...
- ¿Si?
- No, pensaba que tal vez, lo que puede haberlo llevado a esta situación puede haber sido su propia vida. Tal vez, esta vida no le llene. Quizás esto no es lo que quería; no es aquello con lo que soñaba. ¿Puede ser, caballero, que un día se haya visto de pronto envuelto en una realidad que no le agrada, que no le llena, y de la que no hay manera de escapar, y por eso ha decidido suicidarse?
El hombre alzó la vista por un momento del vacío y miró al hombre que había junto a él.
- ¿Sabe? creo que podría tener usted razón.
- Ya se lo digo yo. Y hágame caso, porque yo he visto muchos casos como el suyo. En ocasiones, una persona se deja guiar por el interés, o por alcanzar el poder, y no piensa en lo que realmente le haría feliz, abandonando así sus sueños. Hay personas que se dan cuenta de ello en el lecho de muerte, cuando ya el señor los llama a su presencia; otras, sin embargo, lo descubren en medio de su vida, y no tienen más opción que intentar cambiar. En su caso, no ha podido cambiar, y eso es lo que lo ha llevado hasta aquí.
- ¿Y no hay nada que pueda hacer, una vez descubierto el motivo?
- Bueno, supongo que podría rectificar; romper con todo lo que ha hecho hasta ahora, y dar un giro brusco a su vida. En conjunto, salir en busca de aquello que realmente le va a hacer feliz.
- Pero... a todo esto. ¿Esto no se lo tendríamos que decir a él?
- Tal vez, caballero, tal vez debiéramos.
Su acompañante, al igual que él, dirigió la vista unos metros más allá, donde, subido a la misma balaustrada donde se apoyaban ellos, un hombre terminaba sus oraciones y se disponía a saltar desde la azotea de un rascacielos.
- Mire, parece que ya ha acabado de rezar
Los pies del suicida se levantaron del suelo. El hombre que estaba más cerca suspiró.
- Ahí va... ya no hay nada que hacer. Sinceramente, no creí que acabara haciéndolo.
Su acompañante asintió. Se irguió y echó a andar tras despedirse con unas palmadas en el hombro.
- No somos nadie.
- Sin duda, caballero, no somos nadie.
Después de librarse definitivamente del monstruo al que la gente insiste en llamar exámenes, las luminosas noches veraniegas, antes ocupadas en estudiar, leer, o simplemente dormir, que buena falta hacía, se llenan de momentos de inactividad en que la mente empieza a transpirar por efecto del calor.
¿La mente transpira? Por supuesto, al igual que el cuerpo, necesita expulsar aquello que no necesita; los desperdicios que genera su propio funcionamiento. Para estos momentos de transpiración mental, conviene tener siempre un trozo de papel para secarse todo ese antihigiénico y incómodo montón de letras, ya sea el papel físico o virtual. Después de esto, lo lógico sería tirar el papel a la basura, pero como hay algo que me impide por completo tirar a la basura cualquier cosa que lleve letras, y más si proceden de mí, acabo escurriendo este sudor mental en el blog, con la esperanza de que, tal vez, alguien quiera dejar un par de gotitas ahí abajo, donde pone "comentarios".
Ya esta aquí el verano, y con el, los posts veraniegos, sofocantes y espesos.
martes, 16 de junio de 2009
No somos nadie
domingo, 17 de mayo de 2009
Deslices fotográficos
Pues bien, hoy dedico este post a mis "Deslices Fotográficos".
Siempre me ha gustado absorber paisajes con la mirada; Quedarme quieto y dejar que la visión de un río, un valle o una montaña me llenara los ojos, entrara a raudales por
mis pupilas, e inundara mi mente dejándola libre de otra cosa que no fuera el lugar en que me encontraba. El hecho de poder olvidarme de todo lo demás, y simplemente mirar, mirar y no hacer nada más, como si hubiera dejado de ser yo para limitarme a ser un par de ojos flotando en el aire, me relajaba de una manera asombrosa.
¿Que haces cuando te ha gustado mucho una película? Comprarla en DVD. (Más bien bajártela por el emule)
¿Que haces cuando te gusta mucho una canción? Compras el CD (bueno, sí, y de paso un póster y una camiseta)
¿Que haces cuando te gusta mucho algún lugar? La respuesta que nos llega inmediatamente a la mente es: hacer una fotografía.
Pues bien, yo discrepo. Si tuviera que contar con los dedos las veces que me ha decepcionado la fotografía de un paisaje que, en vivo, ha conseguido hipnotizarme, dejaría de poder rascarme antes de empezar.
No se puede (o yo al menos no se) capturar por completo un paisaje dentro de una fotografía. Hay cosas que no se pueden plasmar en un papel, y que hacen que la imagen esté incompleta. Ésta es la conclusión a la que he llegado tras kilobytes y kilobytes de fotografías de masas de un verde uniforme que los demás, cuando las miran, no pueden más que ladear la cabeza, fruncir el ceño, intentar descubrir el dibujo oculto y preguntar "¿Que es?", a lo que yo me veo forzado a responder "Emmm…Nada". Aquí cabe destacar que, si la cámara no fuera digital, la mitad de las fotos se quedarían donde están, ya que solo la aparentemente ilimitada capacidad de una tarjetita SD nos permite llevar a cabo este derroche fotográfico, con el que llenamos la memoria del ordenador de "Emm…Nada".
Ahora que, si esto fuera cierto, y la fotografía fuera siempre inferior a la imagen real, no veríamos esas fotografías tan impresionantes que salen cuando pones cualquier palabra en el buscador de imágenes de Google, los vendedores de postales tendrían que vender camisetas, y todos los fotógrafos acabarían en el paro. Que yo no sepa hacer fotografías como dios manda no quiere decir que no sea posible hacer verdaderas obras de arte con una cámara.
Son muchos los años que llevo manejando mi cámara digital, y algún que otro momento de locura al fijarme en el juego de luces de una simple hoja, una puesta de sol especialmente peculiar, algún que otro afortunado accidente de la naturaleza, o el siempre bello y encapotado cielo de París, han hecho posible que, si miras a la derecha de este blog, y le das a la rudecita hacia abajo, encuentres algunos de los más afortunados segundos que mi humilde Fujifilm ha tenido la suerte de poder capturar.
domingo, 3 de mayo de 2009
Adoquines en el alma
De lo que sí que estaba seguro era de que, sin darme cuenta, ya había alcanzado la cima; y también estaba seguro de que, a cualquiera que no estuviera acostumbrado a pedalear sobre los adoquines le hubiera resultado mucho más duro de lo que me había resultado a mí.
Desde que había salido del piso donde vivía, en alquiler, por supuesto, desde hacía tres meses, había comenzado a llover dos veces, y ambas había parado con la misma rapidez con la que había empezado. Parecía como si el cielo se muriera de ganas de descargar sus repletos nubarrones, pero se arrepintiera de hacerlo sobre una ciudad como aquella.
Como ya había hecho más veces, me bajé de la bicicleta para pasar entre los pintores callejeros que ocupaban buena parte del día en ganarse la vida retratando turistas para después poder recoger los caballetes, las pinturas y los pinceles y escalar, como yo estaba haciendo en aquel momento, los últimos metros de Montmartre para buscar un panorama que les resultara digno de plasmar en sus lienzos, al igual que yo los plasmaba a golpe de teclado.
Habían pasado tres meses desde que había llegado a París. Había pasado ya noventa tardes deambulando por las calles adoquinadas, salpicadas de charcos y de miles y miles de pisadas, de toda la gente que iba y venía de sus trabajos, sin que el frenético ritmo del siglo veintiuno les permitiera detenerse un momento a contemplar aquella maravillosa ciudad que se abría a su alrededor. Más de veinte de esas tardes mis pasos me habían llevado hasta el barrio bohemio, a la colina de Montmartre. Pero aún así, no podía evitar que se me saltaran las lágrimas cada vez que volvía allí.
Fue debajo de la basílica del Sacre Coeur donde detuve mi bicicleta.
Desde lo alto de la Torre Eiffel, París se mostraba en todo su esplendor: miraras hacía donde miraras, tus ojos solo veían París; era difícil vislumbrar algo que estuviera más allá de sus límites. Podías distinguir con facilidad cualquier punto clave de la ciudad, y admirar el Sena en todo su esplendor. La torre Eiffel estaba ideada para admirar París, y ser símbolo de su orgullo.
Desde lo alto del Montmartre, sin embargo, París era un insecto vuelto patas arriba que no puede darse la vuelta, era el trasero de un pavo real. Desde Montmartre no ves el Sena; te has de esforzar para ver el arco del Triunfo, o algún otro monumento insigne; a duras penas consigues ver la torre Eiffel. Desde Montmartre, ves un París que se revuelve para mostrarte su cara buena, y no sabe cómo. Pero lo que no sabe París es que te está enseñando una cara igual de bella que la que está acostumbrada a mostrar, o incluso más. Desde allí, se ve un parís humilde, un parís grande, bello, formado exclusivamente por modestos edificios que no superan en altura a los monumentos; que no se ven intimidados por la sombra de la imponente torre Eiffel.
Mientras miro como la ciudad se escandaliza al descubrir que la estoy viendo desde este ángulo, dejo la bicicleta atada a la barandilla que rodea la iglesia, y saco la funda del portátil del portamaletas. La bici también es de alquiler, así que será mejor que no la estropee.
Paso tras paso, me dejo caer sobre los peldaños de la escalinata que, desde las puertas del Sacre Coeur, se desenrollan como una interminable lengua blanca y verde.
Después de haber bajado más peldaños de los que sin duda tiene cualquier otra escalera llega un momento en que mis pies no quieren avanzar más. Está bien. Busco un banco, y me siento.
Saco el portátil de su funda, lo abro, y lo enciendo.
Durante un último momento, levanto la vista para contemplar París, ahora un poco dado la vuelta, recuperando la compostura, para mostrarme tan solo las impecables fachadas de sus edificios. Aunque luego me arrepienta, no puedo evitar mirar hacia el lugar donde el sol comienza a descender cada vez más rápidamente para salir al encuentro del horizonte.
Alzo la cabeza e inspiro. París se vuelve entonces aire, y se quiere meter dentro de mí, y doblegarme a su voluntad. Sin que no pueda hacer nada, mi pecho se llenan de París, y me siento como si toda la vida hubiera estado respirando a medias, y aquella fuera la primera vez que podía saciar mis pulmones. Una vez satisfecho, dejo de respirar para escuchar el silencio, dueño indiscutible de aquel lugar. Tan solo el viento se atreve a desafiar el silencio que la ciudad convierte en su canto. Mis oídos se llenan de París. Incluso me parece poder saborear París.
De pronto, París se escapa de mi cuerpo en un largo y silencioso suspiro.
Bajo la vista hacia el teclado, y escribo esto.
Por un momento había vuelto allí. De nuevo estaba en la colina de Montmartre, contemplando París. De nuevo paseaba por el barrio bohemio, rodeado de pintores. De nuevo el Sena se deslizaba bajo mis pies, sin nada interponiéndose entre nosotros que un puente de piedra. De nuevo alzaba la vista hacia la Torre Eiffel, sin poder dejar de admirarla. De nuevo mis mandíbulas se separaban como si quisieran comerse el Arco del Triunfo. De nuevo deambulaba entre los frutos de miles de mentes geniales en el museo del Louvre. De nuevo paseaba por calles que rezuman historia, limpias y adoquinadas. De nuevo tomaba un café mientras miraba París a través de una discreta mirilla del tamaño de una pared que se abría en la fachada de un local con nombre de infusión, y de nuevo contemplaba el atardecer sobre las aguas del río Sena (o uno de sus canales, nunca llegue a saberlo) a través de una alambrada.
De nuevo llovía sobre mi alma desnuda, arrastrándola hacia el fondo del Sena, y llevándola consigo, separándola de mi cuerpo mediterráneo, y haciéndola descansar sobre un lecho de adoquines mojados por charcos; charcos de una realidad que no cabe dentro de ningún molde que yo haya tenido el placer de conocer antes.
Simplemente, me he dejado algo en París, y no podré descansar tranquilo hasta que vuelva allí para recuperarlo.
P.D: a toda la gente que últimamente entra en el blog, os agradezco el apoyo, pero, no cuesta mucho un "me ha gustado mucho la entrada”, un " sigue así" o un "menuda mierda de post", y a mi me sirve de mucho, sobre todo moralmente.
miércoles, 15 de abril de 2009
Huyendo
El sol brillaba, rojo, frente a él, y a medida que anochecía, su perseguidor parecía aumentar de tamaño. Sus pies se sacudían, frenéticos, bajo él, como si quisieran correr más deprisa que él mismo, aún así, su perseguidor seguía estando igual de cerca. Su voz desgarraba, angustiada, su garganta, lanzándole gritos, pero su perseguidor no respondía, limitándose a perseguirlo. Sus ojos seguían, lúcidos, en sus cuencas, pero aún así, su perseguidor, que en un principio había parecido tan humano como él mismo, se le mostraba ahora aterrador, monstruoso. Las calles pasaban, silbando, junto a él, pero siempre había más que atravesar, y más que recorrer, más por las que adentrarse, y más que quedaban atrás; las mismas que dejaba atrás su perseguidor. Su rostro se volvía, contraído por el terror, una y otra vez, para volver a apartarse de la desquiciante visión de su perseguidor. Su miedo crecía, angustiante, con cada una de aquellas miradas. Y sus pies no se detenían, totalmente independientes de cualquier orden que no fuera la de huir, y continuaban huyendo. El sol brillaba, sesgado por el horizonte, cada vez con menos fuerza. Su fuerza lo abandonaba, desertora, y se unía al perseguidor, para hacerlo mayor y más terrible. El horizonte devoraba, ansioso, el disco carmesí que luchaba por arrojar unos últimos rayos de luz sobre su cara. La noche parecía, a su espalda, envolver a su perseguidor, animándolo, y azuzándolo contra él con susurros de odio. El debilitado resplandor anaranjado que el sol apenas arrojaba tras los edificios conseguía, prueba evidente del cercano final del día, vaticinar también su propio fin, haciendo que lo abandonara toda esperanza. Sus rodillas cedieron, quebradas, haciendo que se desplomara contra el suelo, y sus brazos, frenéticos, buscaron en vano algo que lo salvara, para dar solo con una pared, en la que se apoyó, deseando más que cualquier otra cosa hundirse en ella. Sus ojos, hundidos en sus cuencas como queriendo huir de su perseguidor, contemplaban horrorizados como éste había crecido hasta ocupar todo el campo de su visión. Su alma, encogida, se rindió a aquello que, desde que había sido descubierto, no se había separado ni un momento de él, siguiéndolo, agobiándolo con su compañía y negándole la soledad, para finalmente echar a correr tras él, en el mismo instante en que decidía iniciar la huida, siempre pegado a sus pies.
De como, en algunos momentos, buscamos huir de todo, y de como, huyendo de todo, nos encontramos huyendo de nosotros mismos, de lo que somos, y de cómo somos, queriendo a veces quitarnos la piel para vestir otra que nos resulta mejor, o más cómoda, y llegando a extremos tales como odiarnos a nosotros mismos, o incluso temernos.
martes, 7 de abril de 2009
¿Cara o cruz?
Bueno, la frase no era realmente así, realmente la pregunta tenía un matiz político, pero esto es lo que tenía impreso en el fondo esta pregunta.
Mentiría si dijera que siempre nos vemos obligados a elegir entre DOS opciones, que nunca podemos quedarnos en el medio, pues este mundo es muy grande, y para eso existen los números, las carreras universitarias, y la carta del Macdonald's - aunque no sé si se puede llamar carta a algo que está impreso sobre la pared-.
No siempre las opciones son dos, pero lo que sí que es verdad es que, en las decisiones importantes, los conceptos de peso, el mundo está dividido en dos. Y, por si fuera poco, son dos ideas totalmente opuestas, como las dos caras de una moneda, en la cual no puedes ver uno de sus lados sin tener que ocultar el otro - Aquí no nos sirve el ejemplo de "cine o teatro"-.
Izquierda y derecha, hombre y mujer, extranjeros y autóctonos, religión y ateísmo, ricos y pobres, altos y bajos, negros y blancos, norte y sur, oriente y occidente, listas acabadas y listas inacabables, cómo esta. Está claro que no se puede arrojar una gota de agua a un tejado y esperar que se deslice por las dos vertientes a la vez; del mismo modo que no puedes lanzar una moneda al aire y esperar que no salga cara ni cruz (casos extremos aparte, por favor, intento ser metafórico). Del mismo modo, uno no puede ser de izquierdas y de derechas al mismo tiempo, ni ser de aquí y a la vez de allí. Tal vez, de cuando en cuando, llegue alguien al puerto de Tenerife que sea blanco a pesar de ser negro, pero eso son casos excepcionales.

Esta división es tan inevitable como inevitablemente necesaria. Si las monedas tan solo tuvieran una cara, además de plantearnos una paradoja espaciotemporal que seguramente acabara por hacernos estallar el lóbulo frontal, no tendríamos oportunidad de elegir; en el hipotético caso de que tan solo hubiera una opción, el mundo en sí dejaría de tener interés, pues nuestra vida entera se basa en estas confrontaciones; son lo que hacen funcionar el mundo - es la clásica teoría del Yin y el Yan, los opuestos que se complementan para formar una unidad-.
Aquí está lo inevitablemente necesario de la división, pero, ¿inevitable? Eso ya lo dejo a vuestra elección; intentad dejar un imán con un solo polo, y cuando lo consigáis habréis resuelto uno de los grandes misterios del universo. Igual algún día dejo caer por aquí algo que escribí sobre eso...
Tal vez toda esta teoría metafísica de la bipartición de la naturaleza fuera más sencilla de vivir para nosotros si, en lugar de encontrarnos ante las dos caras de una moneda, nos encontráramos ante la portada y la contraportada de un libro: estos dos elementos opuestos se pueden ver a la vez, y se pueden comparar, si somos capaces de abrir el libro. Aunque, en ocasiones, no nos interesa ver la contraportada, pues lo que vemos en la portada nos gusta, y no queremos que nos decepcione lo que nos cuenta en la contraportada, pues eso nos podría hacer cambiar de opinión, y no queremos ver nada ante lo que corramos el peligro de cambiar de opinión, ¿verdad?
El ateísmo y la religión, los negros y los blancos, los ricos y los pobres, no son más que dos caras de una misma moneda, dos portadas de un mismo libro, para algunos más fácil de abrir que para otros. Pero cuando se trata de temas como hombre y mujer, oriente y occidente, extranjeros y autóctonos, izquierda y derecha, y también muchos de los anteriores, manejados por manos menos hábiles, el libro se convierte en una moneda, que no podemos separar si no es cortándola por la mitad, para así poder ver las dos mitades a la vez, y compararlas. Muchas veces cuesta tanto ver a la vez las dos caras de una moneda, que nos resignamos a creer ciegamente que, tal como nos cuentan, al otro lado hay una Cruz, por no ir a echar un vistazo, y perder por un momento de vista nuestra preciadísima Cara. A veces el amor al blanco nos hace desconfiar, el incluso temer al negro, en ocasiones, estamos tan aferrados al Hombre, que no nos percatamos de la Mujer. Los opuestos no solo están enfrentados, sino que están separados muchas veces por un Muro. Al que se le ocurriera cruzar un tabique que separara Berlín debía de ser todo un poeta, pues no pudo elegir metáfora mejor.
Es más cómodo conformarnos con ir siempre por la izquierda, tan solo por no variar, por no enfrentarnos a lo desconocido, y pocas veces tenemos la suficiente pericia moral para separar las dos mitades de un libro, y lo que realmente son dos páginas contiguas se convierten, sin darnos cuenta, en una moneda de tan poca anchura que se nos hace difícil siquiera creer que no sea uno de esos paradójicos discos de una sola cara.
El mundo es grande; el mundo es complejo; el mundo es delicado y a la vez feroz, pero de lo que sí que no nos ha de caber la menor duda, es de que el mundo es bipolar.
P.D: Estreno tamaño grande de letra, para que no os dejéis los ojos leyendo.
lunes, 23 de marzo de 2009
Un cel en flames
un cel que, pres per les flames, convertia la nit en dia, i feia que el silenci no fora més que un record llunyà, desplaçant la realitat cap a un segon plà, i concentrant, durant quinze minuts, totes les nostres mirades, orelles, i la resta del nostre ser en aquells milers de llums que esclataven i volaven, sense deixar lloc les unes a les altres, i sense donar treva a l'espectador, arribant a agafar-lo totalment en el moment de l'esclat final, sense el qual els qui han estat observant-lo no poden, de cap manera, marxar en pau.viernes, 27 de febrero de 2009
Entre la espada y... ¿otra espada?
Sentía la necesidad de escribir algo, aunque no fuera gran cosa, porque ya me estaba empezando a inspirar cierta lastimilla. Ayer entré aquí, y me lo encontré con el cuenco de los comentarios vacío, pues los anteriores ya se los había terminado, y con el último post ya en avanzado proceso de descomposición en la caja de arena. En cuanto me ha visto, no ha dejado de suplicar, desde la intimidad de su carpeta en el escritorio, que le cambiara la caja de arena para que alguien se atreviera a acercarse a darle de comer.A diferencia de un diario, un bloc de notas, o alguna majadería similar, dar de comer tú mismo a tu blog no está demasiado bien visto, a no ser que sea para reorganizar algo de lo que ha ido echando la gente. El blog lo alimentan los demás, tu tan solo intentas cambiar a menudo la caja de arena, para que la gente pueda acercarse sin miedo, y de vez en cuado peinarlo, acicalarlo, y cambiar su aspecto exterior, aunque no soy muy partidario de cambiar la estética de un blog; precisamente lo elegí negro en la bloguera (la perrera de los blogs) para que la gente no se fijara en el color, ni en el diseño, sino en lo que había dentro.
Ah, curioso día en el que me hice con este blog. Ya sabía de la existencia de estas criaturas, pero no me había parado a observarlas hasta que un par de personas a que conozco se hicieron con uno. Al principio me parecía un poco raro; pero luego, pues ya se sabe: culo veo, culo quiero. Así que me fui a la bloguera más cercana a hacerme con uno. Aquí debo decir que nadie me advirtió que había dos tipos de blogueras, las punto es y las punto com. Y ale, si había una posibilidad entre dos, pues yo tenia que ir a por la mala, y me vi dueño de un extraño blogspot.es. No es que tenga nada en contra de estos bichos, a lo mejor son muy majos, y eso, pero... ¡eso no es lo que quería! Y como un niño que ha cogido un berrinche porque le han dado el helado de otro sabor, tiré al suelo el primero y volví llorando a por un blogspot.com, el cual permaneció durante un tiempo en el anonimato, sin nada más que un tímido par de entradas de contenido extraño.
Aunque quizás sea pronto para ponerme a hablar de los inicios de este blog, es que verlo tan solito y abandonado, cuando acaba de cumplir los dos mesecitos de vida... no se, me da morriña, ¿normalmente, la gente se deshace de los blogs cuando ya han perdido la gracia, no? no cuando son cachorros.
Por cierto, donde se abandonan los blogs? en los buscadores web? en los diccionarios online?
Mmm… no se de nadie que haya abandonado un blog…
domingo, 8 de febrero de 2009
Oye, que si tienes hora?
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado.
Julio Cortázar
Siempre me ha gustado mucho este... lo que sea. Un cuento no es, pero tampoco se puede definir como cualquier otra cosa, así que lo llamaremos texto.Para mi, lo que tenía que decir está mucho mejor expresado en este texto que en cualquier cosa que yo pueda escribir. Tal vez sea cargarle el pato a otro pero, ¿quien no lo hace, en estos tiempos?
Lo que básicamente cuenta aquí (para los que pasan de la cursiva) es que el ser humano es masoquista por naturaleza. Por si no fuera suficiente ser esclavos del tiempo, estar atados constantemente a su incansable paso, no lo dudamos ni un momento en llevar esa atadura a todas partes, y hacerla más fuerte mediante un acto tan simple como es un reloj de pulsera. Es cierto que, en el mundo en que vivimos, es imprescindible controlar el paso del tiempo, pues estamos sujetos constantemente a horarios, citas y demás bestias pardas y que, una vez nos acostumbramos a llevarlo, nos sentimos desnudos sin un reloj colgando de la pulsera.
Aunque, después de una temporada sin llevar reloj... no se... te sientes más libre.
Lo digo por experiencia propia.
Bueno, dije en el anterior que lo pondría, y aquí está, aunque creo que no lo volveré a hacer, porque este tipo de promesas te crean una cadena, y aunque no quieras, tienes que escribir el post sobre eso, "por cojones", si no quieres sufrir la reprobación de todo aquel que lea tu blog. Así que, intentaré evitar cosas como esta.